El banquete de los genios

El banquete de los genios, Un homenaje a Luis Buñuel de Manuel Hidalgo by laKriticona“Ninguno de los grandes directores asistentes al almuerzo de noviembre de 1972 en el 9166 de Cordell Drive, en Beverly Hills, está hoy vivo”

El banquete de los genios…, ¡qué libro tan fantástico!, ¡qué lectura tan maravillosa! Lo digo de corazón. Me ha encantado. Si te gusta el cine, no lo dudes, leételo, te entusiasmará. Si no, también. Porque el libro de Manuel Hidalgo es un ventana, un agujerito por el que mirar, asomarte y asistir a un momento histórico, único: la reunión en Beverly Hills de doce directores cuyas películas son algo más que películas. Ese cine, a caballo entre el sonido y el color, sobre el que se edificó el resto del cine. A mí, particularmente, me ha fascinado. Cuando lo empecé jamás pensé que podría llegar a gustarme tanto. Pensé que sería más un libro de consulta. Para leer de rato en rato. Pero no. Hipnotiza. Porque esa comida fue más que un homenaje a Buñuel y este libro es más que un recuerdo de una comida en casa de George Cukor. Es la radiografía de doce protagonistas de una foto que es historia. Una foto de doce hombres y muchos Oscars a la mesa.

Era noviembre de 1972, cuando George Cukor invitó a doce amigos a un agape en su casa en honor a un director de cine español, Luis Buñuel. A la mesa, un guionista, Jean-Claude Carriére; un productor, Serge Silberman; y otros ocho directores: Robert Mulligan, William Wyler, Robert Wise, George Steven, Alfred Hitchcock, Rouben Mamoulian, Billy Wilder y John Ford. La historia del cine compartiendo mesa y cartel. Casi nada. Ya lo dicen sus páginas. “El cine desde la edad antigua de las películas”. Y no puedo estar más de acuerdo.

Y eso que cuando uno dice así, de carrerilla, los nombres de los directores, quizá muchos se pregunten quién son esos que comieron con Hitchcok, Billy Wilder, John Ford (que no se quedó para la foto; andaba con achaques, moriría poco después) y Buñuel, quizá los más reconocibles a priori de los invitados en casa de George Cukor aquella tarde. Otra cosa es cuando se citan por películas. Uno conoce todas o casi todas. O, al menos, ha escuchado hablar alguna vez en su vida sobre ellas. Porque aquel día estaban a la mesa Matar a un ruiseñor, Ben-Hur, Sonrisas y lágrimas, Gigante, Psicosis, Laura, Viridiana, Con faldas y a lo loco, My fair lady y Las uvas de la ira, entre otras. Y eso sí que suena bien. La historia del cine en diez películas. Un testamento que pasará de generación en generación como una joya (y al fin y al cabo qué son esas películas sino eso).

cena de los genios, foto de http://www.lanocheintermitente.comPues el libro supone un recorrido por las vidas y las obras de todos ellos girando sobre un punto común: Buñuel. Porque entrelaza sus biografías (breves, de cuatro o cinco páginas como mucho), bien contadas, además, con la trayectoria vital de Buñuel, de sus hieles y sus mieles, y el análisis de una de sus películas El discreto encanto de la burguesía, que también gira en torno a una comida, como no podía ser de otra manera. Al final el resultado es una clase práctica y teórica sobre cine en trescientas páginas. Un regalo.

Da gusto cuando un libro así llega a tus manos. Didáctico y riguroso, bien armado. Manuel Hidalgo mezcla, sin grumos, literatura y periodismo. Que crece a medida que sigues leyendo. Que no aburre. Lo haría si el centro fuera sólo Buñuel (creo). Pero no, no lo hace. No, no lo es. El banquete de los genios es un libro para leer mientras el canal TCM arrulla de fondo (uno de mis favoritos de la televisión de pago, por cierto; imprescindible). Porque este libro los sitúa a todos bajo el foco, a ese cine en general cuyo ocaso, al estilo Wilder en El crepúsculo de los dioses, se palpa en otro libro cinéfilo y maravilloso Moteros tranquilos, toros salvajes (del que os hablé ya aquí). Uno lanza hilos sobre el otro. Nombres que se esbozan. Proyectos que crecen. Historias que comienzan allá y terminan acá. Y al revés.

Jamás había escuchado hablar de esta comida en Beverly Hills, de esta reunión de genios. Y eso que a la mesa estaban dos de mis directores fetiche y favoritos, Billy Wilder y Alfred Hitchcok, pero nada sabía de esta comida mítica en honor a Buñuel. Lo que más me ha gustado no es descubrirla, que sí, sino que ahora sé quienes son los hombres que se esconden detrás de varias de las más grandes películas de la historia del cine. Eso y que Buñuel y Wilder tomaban el Dry Martini con unas gotitas de Noilly Prat… Otro interesante dato de este libro fascinante.

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