La maravillosa vida breve de Óscar Wao

La maravillosa vida breve de Óscar Wao by lakriticona

“Lo siento, dices, en voz demasiado alta. Lo siento. Y ahí mismo, todo cambia”

Qué fokin cabrón es Junot Díaz. Uno de mis descubrimientos literarios de 2013. Lo siento por el taco. Pero es así. No encuentro mejor manera de decirlo en tan pocas palabras. Jodidamente bueno. Fokin, fokin. Los tacos están, de hecho, en todas sus páginas, tejidos en su estilo callejero, deslenguado y fulminante. Junot es un escritor visceral, que te arrastra en su relato, que escribe sobre deseo y sexo (no explícito, pero está ahí siempre, en el aire, en cada página), sobre la calle, sin eufemismos, adornos o postureos, con un estilo directo y afilado. Porque todas sus novelas van sobre perdedores, sobre hispanos, sobre gente que huyó de la República Dominicana buscando un futuro mejor, o un futuro a secas, y se estampó contra el asfalto de Nueva Jersey. Es por eso que sus historias te dejan siempre una sensación como pegajosa, melancólica, porque Junot Díaz cuando escribe pega con la mano abierta y la marca de sus dedos no se va ni con los días. La maravillosa vida breve de Óscar Wao, Premio Pulitzer en 2008, es otro ejemplo más de esto.

En La maravillosa vida breve, Junot cuenta no sólo la vida de Óscar Wao, sino la de toda su familia y la de un país, la República Dominicana, durante la tiranía de Rafael Leónidas Trujillo (también retratado en la literatura por Vargas Llosa en La fiesta del Chivo, uno de los imperdibles del autor peruano), un tipo déspota y cruel, que se pensaba una especie de Dios en la tierra, que todo lo que había sobre ella podía tomarlo y tirarlo, tenerlo y matarlo. El relato de Junot Díaz es más crudo que el de Vargas Llosa, que convierte a Trujillo en un personaje literario con el que, incluso, a pesar de toda su hiel, por momentos llegas a empatizar o, al menos, sentir lástima. En la novela de Junot eso jamás pasa. Trujillo es el Gran Hermano de Orwell, el que decide el destino de todos los dominicanos a base de pólvora, puño y bragueta. Trujillo, el fukú, la maldición, la condena de la familia Wao. Porque en esta novela, Óscar Wao sólo es un macguffin para hablar de todo esto. De la desgracia sobre el árbol genealógico de un país que Trujillo secó y podó casi por completo.

La maravillosa vida breve es el tercer libro de Junot que leo (publicará en 2014), después de Así es como la pierdes y Los Boys, el primero novela completa (los otros dos son compilación de cuentos, relacionados pero independientes unos de otros). Un puro retrato de la República Dominicana con o sin Trujillo (peor con, claro), un sitio donde las cosas se resuelven a hostias, donde sobran balas y faltan caricias, donde la gente no se toca, sólo se chilla. La historia no es cronológica. Vas completando el devenir de la familia a trozos. Encajando las piezas de un relato que se cuenta desordenado. A veces de atrás adelante y otras de adelante a atrás. Y eso provoca que durante parte de la novela estés algo perdido, no sepas muy bien qué pasa (a mí al menos me ocurrió). Y, aunque este libro me ha gustado mucho (y el regusto va creciendo con el paso de los días), para mí el mejor sigue siendo Los Boys. Y eso que éste tiene el Pulitzer. Pero aquel es puro caviar callejero (con Junot podría decir que casi siempre se acierta; no defrauda nunca).

En la maravillosa vida breve hay dos personajes con una fuerza, de hecho, muy superior a la de Óscar y su hermana Lola, protagonistas indiscutibles de sus primeras páginas. Son La Inca y Beli, sobre todo la última, tremenda. A mí me atrapó su fuerza desde la primera línea. Veía sus tetas moverse, su cuerpo turgente, el reguero de miradas lascivas que dejaba tras sí, su aire rebelde, su mentón elevado. Beli, un huracán, un terremoto, un personaje de ficción de los que no se pueden olvidar. Es tan fuerte que ves venir las nubes negras, su apocalipsis, la tragedia. El mundo no está preparado para gente así (creo). Y eso es lo que me gusta de Junot. Que es mordaz, ácido, irónico y de verdad. Te convence porque su escritura no tiene trucos ni dobleces y está habitada por personajes tan tristes, tan solos, tan desesperados, tan fokin perdedores lanzados, eso sí, hacia la conquista (inútil) de sus sueños (lo de Óscar y el sexo es, de hecho, para llorar de pena…).

Hay contraste, una bofetada de realidad contenida en cada una de sus frases (“Lo que todavía no conoce: el frío, la monotonía agotadora de las factorías, la soledad de la Diáspora, nunca volver a vivir en Santo Domingo, su propio corazón. Lo demás que no conoce: que el hombre de al lado terminará siendo su esposo y el padre de sus dos hijos, que después de dos años juntos la dejará, su tercer y último desengaño, y que nunca volverá a amar”, contenida aquí, por ejemplo, en este párrafo). Porque detrás de la presunta banalidad, del estilo fácil y sencillo, de los tacos, la calle, el fokin y las tetas (claramente Junot está obsesionado con eso; con las jevas, los totosrapar pero, pensándolo dos veces, ¿quién no lo está?), hay una mirada ácida y triste, que te deja el corazón en carne viva, así como si fuera una fotocopia del de sus personajes.

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