Cuando las palomas cayeron del cielo

Cuando las palomas cayeron del cielo by lakriticona

“Porque aunque una persona consiguiera una nueva identidad, un nuevo nombre, se construyera un nuevo pasado, siempre habría algo de su vida anterior que lo delataría”

Me duele escribir esto. Pero no me queda otra. Qué decepción Sofi Oksanen. Yo que esperaba impaciente una nueva novela suya. Cualquiera. Lo que fuera. Pero suya. Purga, la tercera que escribió, la primera que yo leí, me abrumó, impactó, encantó, enamoró (añadir todos los verbos del estilo que se quieran, porque eso, preciasamente, eso fue lo que me provocó su lectura). Sofi Oksanen, de pronto, con una sola novela, se había convertido en un autor referencia para mí. Una joven escritora finlandesa (nació en 1977) que merecía una portada de Babelia. Que me emocionaba con su escritura descarnada y sucia, de esas que escriben con dedos llenos de sabañones y no uñas de francesa perfecta. Pero después de leer Las vacas de Stalin y Cuando las palomas cayeron del cielo ese pedestal se lo ha tragado la tierra. Y me temo que no hay vuelta atrás.

Jamás volveré a comprarme un libro de Sofi según se publique. Esperaré a bolsillo, si eso.

Es como esa sombra que vigila sobre el libro en un banco. Esa sombra que no se va. Que crece. Que lo ocupa todo. Que desdibuja las letras. Que hace bizquear. Que entorpece la lectura. Esa sombra que funde a negro un buen comienzo, una gran historia, todas mis esperanzas sobre esta escritora, Sofi Oksanen, que durante un tiempo creí que sería uno de los amores de mi vida y sólo resultó ser otro amor de barra más, otro más, sin más.

A ver. Por donde empiezo.

¿Por ese torrente de emociones que me desató Purga? ¿Por la devoción absoluta que deposité en Sofi después de leer esa novela que, al momento, ya se había convertido en una de las mejores de mi vida? ¿Por todo lo que la regalé y recomendé (y la vehemencia con que lo hice…)?

Cuando encuentro un autor que me muerde y aprieta el pecho suelo correr a comprarme toda su obra. A beberme todas sus novelas. Con Sofi hice eso. Aún no habían llegado a mi vida ni La Central ni el librero de los Ojos Verdes, así que mis pasos se dirigían siempre a La Casa del Libro. Allí compré Las vacas de Stalin. El único de los otros dos libros escritos por Sofi Oksanen publicado en España. Recuerdo que fue uno de los regalos que con más cariño e ilusión hice aquella Navidad. Dos meses después lo leí impaciente. Con ganas de reencontrarme con la escritura de Sofi. De revivirla y redescubrirla… Pero pronto se convirtió en algo así como la subida al Alpe d’huez. Se me atragantó. Reconocía esa escritura visceral y dolorosa que tiene y que es maravillosa, pero la historia se me enredó en la cabeza y, en muchas ocasiones, no entendía qué protagonista me hablaba, qué quería contarme. Me costó. Me costó mucho. Sentí que a ese libro le sobraban doscientas páginas y una última vuelta. Pero lo achaqué a que esa sólo era una primera novela, una prueba, un diamante en bruto aún cubierto por carbón…

Pues no. Esa es la Sofi de Cuando las palomas cayeron del cielo. La misma…

No sabéis la emoción con la que me compré el libro según lo vi entre las novedades de las librerías este otoño, para este invierno. Lo abrí con la ansiedad con la que un niño le quita el envoltorio a un regalo la mañana de Reyes. Ésa. Exacta…

Pero pronto se esfumó.

El libro se convirtió en una piedra que lastraba mi bolso, y también mi hambre lectora, día a día, semana a semana. Pensé que nunca llegaría a terminarlo. Que no sería capaz de volver a leer con ganas. De leer con la pasión que me caracteriza y le pongo a todo. Sólo cuando llevaba ochenta páginas creí que los dedos de Sofi metían mi cabeza en el libro. Pero fue otro espejismo. Como Purga y ese pedestal en el que un día subí a Sofi y que ya no existe, que ya no está.

Es que la historia no tiene ni pies ni cabeza (si alguien se los encuentra que me lo explique, por favor, de verdad). Son dos primos, Roland y Edgar; una mujer, Juudith, casada con uno con sentimientos hacia no se sabe muy bien qué o quién; y una historia a caballo entre comunistas y nazis durante la II Guerra Mundial. Muchas veces no sabes de quien te habla, si de los rusos o los alemanes o del tiempo de los alemanes o los rusos, y mucho menos, quién te habla. Los personajes están mezclados. Podrían ser siempre el mismo. Sólo cuando Sofi escribe desde dentro de una mujer te gusta, sabe qué contarte, describe las pasiones que a veces dan vueltas en nuestra cabeza con una realidad muy visceral y reconocible. A mí al menos me pasó con la parte de Juudith junto a Hutz y cuando me hablaba desde Evelyn. Y poco más. Me hice un lío tremendo con todo demás. No sabía quién era Prats ni su mujer ni el tal Objetivo ese ni lo que pretendía Edgar ni lo que Roland hizo. No sabía, no entendía nada, y lo que es aún peor, tampoco me interesaba demasiado saberlo, entenderlo.

Inleíble, intragable, infumable. Eso, como poco (o eso o que me he convertido en mi peor pesadilla: ser una lectora de best-sellers…).

Pero leía. Seguía leyendo. Por mí. Por Purga. Por esa mezcla que un día me hizo caminar sobre el aire. Purga, yo y la magia. Pero, vamos, si la historia me resultó terriblemente enrevesada, la resolución fue tan pueril que podría haberla escrito mi sobrina de dos años. Claramente sabes que eso es lo que ha pasado. Que aquello es lo que va a pasar… ¿Y sabéis qué es más aún el colmo del colmo?: que rastreé Internet buscando otras críticas y opiniones, buscando mirarme en un espejo que me mostrara que estoy loca, el camino para desbrozar a esa Sofi Oksanen que me provoca indigestión al más puro estilo de un clásico en esa hartura, las ardillitas de la Pancol… Busqué y busqué pero sólo encontré loas, halagos vacíos que se limitaban a ampliar con adjetivos rimbombantes la sinopsis de la contraportada del libro…

No pude mirarme en ningún espejo. Y me duele escribir esto, me cuesta, me sangra. Porque, ¿sabéis qué?, Sofi me gustaba, me gustaba de verdad.

10 pensamientos en “Cuando las palomas cayeron del cielo

  1. El mal sabor de boca que se te queda cuando das con un libro decepcionante, más aún si es una adquisición deseada y esperada, es de lo peor que te puede pasar. Un poco como comprar una tarta de aspecto delicioso y que, al meter la cuchara, descubres que está llena de… coliflor (por poner una comida que me hace huir). Coliflor mentirosa, oculta bajo prometedoras capas de chocolate.

    Odio los libros coliflor. Odio a los autores coliflor.

    Y hablando de coliflores… estoy con La Habitación Oscura. De momento, tras un principio prometedor, unas cuantas páginas de querer asesinar al autor, otras de querer matarme yo, ya lo llevo por la mitad. Lo terminaré, a ver si me entero de a qué conduce todo eso, pero me temo que, como bien advertiste, es otro claro caso de coliflor. Coliflor con zanahorias, lo peor que existe.

    • Miss Malemort, te he dicho alguna vez que me encanta leerte? Eres fantástica. Me encantan tus comentarios y no puedo estar más de acuerdo. Libros TartaColiflor… puaggg! (yo también la odio, por cierto). Es cierto, La habitación Oscura mola cuando es un cuarto de experimentación sexual, pero después se convierte en una excusa para hablar de la crisis, para retratar eso que vemos cada día en el Telediario. Pero, ¿sabes?, En la orilla también habla de la crisis y te deja un poso tremendo, lo hace con alta literatura, pero en este caso algo falla, no sé qué, pero a mí me chirría mucho… A ver qué te parece cuando lo acabes 🙂 Por cierto, yo ya comencé con eso que tenemos tú y yo a medias y, de momento, ni rastro de zanahorias. Y mucho menos de coliflores 🙂

  2. Lo peor que le estoy encontrando a La Habitación Oscura son esas enumeraciones, tan repetitivas, tan constantes. Parece una mala canción de Sabina… sin transmitir emociones. En general, me está pareciendo un ejercicio de escritura demasiado frio. Desapasionado. Como si debiera meter el dedo y hurgar, pero se quedara en rascar la superficie.

    (Me alegro de que no estés encontrando zanahorias ni coliflores de momento. Soy realista, alguna se habrá colado…)

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  5. Me siento 100×100 identificado con el comentario. Purga fue conmocionante. Pensé que nunca podría leer algo mejor. Es más, trabé contacto por mail con Sofi y crucé unos cuantos comentarios. Y cuando descubrí Palomas suspendí todo lo que estaba leyendo y me avalancé con la misma esperanza y desesperación que un sediento se zambulle en el arroyo… Fue como tratar de escalar una montaña con una mochila de 20 kg. en la espalda y me empezaron a molestar cosas… los cambios de nombre inexplicables… por qué en un momento la acción transcurre en Tallín? y capítulo siguiente, mismo año, pero la ciudad se llama Reval? De pronto aparece un tal Parts que resulta que es Edgar!!!??? Cosas que en otro conexto me hubieran encantado pero que acá me empezaron a irritar de manera creciente. Voy por el 30% del libro y siento que me está faltando oxígeno, podré llegar a la cima? Hoy, lo pongo en duda.
    Encima estaba leyendo “Al envejecer, los hombres lloran” de Jean-Luc Seigel, una pequeña gran joya literaria, tan profunda y bien escrita que abruma… y que ha vuelto a aparecer en mi mesita de luz.

    • Oh! Has pensado exactamente lo mismo que yo. Y no sabes cuánto me alegro. Purga me pareció un libro tan fascinante que la decepción tan absoluta que sentí mientras leía Palomas me parecía hasta irreal. Un consejo, déjalo. No mejora. No merece la pena. De verdad. De hecho, de Sofi, de momento, el único libro que merece la pena es Purga porque Las vacas de Stalin se hace también un lío tremendo. Eso sí, Purga es un libro fascinante. Por eso sorprende aún más el rollo sin sentido que es Palomas. Otro besote!

      • Tal cual. De hecho hace dos días que no lo toco y me volqué a terminar “Al envejecer, los hombres lloran” de Jean-Luc Seigel, que te recomiendo de corazón. Me encanta tu blog y gracias por el diálogo, siempre tan enriquecedor. Firmado: Yo, desde Buenos Aires, Argentina, casi casi desde el fin del mundo!!!

  6. Después de un penoso esfuerzo, estoy llegando al final de este libro. Para entrar en el no solo hay que estar al dia de la historia de Estonia en el XX, que por otra parte es muy interesante y compleja, sino que uno se pierde en medio de unos personajes cuya complejidad necesitaría mucho mas trabajo. Son simples esbozos y muy confusos. Hay un desbarajuste mal gestionado que casi hace ilegible a esta obra. Lo acabaré y quizás vuelva a leer a la autora, pues Purga me gusto, tampoco mucho. Ya veremos.

    • Víctor, no sabes la alegría que me ha dado leer tu comentario. La has clavado. Ese mismo penoso esfuerzo puse yo y, la verdad, al final no me enteré demasiado de la resolución (que se ve venir más clara, por cierto…) pero tampoco merece demasiado la pena. Es un libro enrevesado y demasiado complejo. Sofi debería volver a escribir por que sí y no intentar escribir la gran obra de la literatura estonia porque resulta, simplemente, insoportable. Las vacas de Stalin, por cierto, me dejaron una sensación similar. De rollo macabeo enrollado. Un besote y mil gracias por tu aportación.

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