La habitación oscura

La habitacion oscura by laKriticona

“…hasta llegar otro sábado: decisivo por estar lo suficientemente cerca de aquel día como para mantener en tensión el deseo, pero lo bastante lejos como para arriesgar su extinción si dejábamos pasar otra semana…”

La primera vez que escuché hablar de La habitación oscura de Isaac Rosa supe que ese libro era para mí. Me parecía fascinante su punto de partida, su propuesta, una trama que gira en torno a una habitación oscura, sellada, una habitación en la que está prohibida la palabra, donde el fundido negro sirve para quitarse la ropa y también para cobijarse. La habitación oscura me sonaba a prohibido, a juego, a experimento y moría de ganas de entrar y de probarla. Y…, sin embargo…, al final me ha sabido a poco.

Quizá fueran mis esperanzas al cogerlo. Tenía muchas ganas, además, de leer a Isaac Rosa. Un autor desconocido para mí hasta que me lo recomendó Miguel Ángel Hernández, autor de esa joya llamada Intento de Escapada. De pronto un día me encontré con ese título: La habitación oscura. Durante las dos semanas siguientes sólo pensé en comprarme este libro, como si su habitación oscura hubiera conseguido salir de sus páginas y tirara de mi cabeza una y otra vez.

“Ven…”. “Entra…”. “Prueba…”. “Ven…”. “Entra…”. “Prueba…”. “Ven…”. “Entra…”. “Prueba…”. “Ven…”. “Entra…”. “Prueba…”. “Ven…”. “Entra…”. “Prueba…”. “Ven…”. “Entra…”. “Prueba…”. “Ven…”. “Entra…”. “Prueba…”.

Y, obviamente, fui, entré, probé.

El libro comienza fuerte. Con una narración, además, atrevida y difícil: en segunda persona. Isaac Rosa te habla a ti. Directamente. “No te quedes ahí. Vamos, entra, ya estamos todos”. Así comienza. Grande.

Tú (yo) que tantas ganas tenías ya estás ahí, en la habitación oscura. Ese hueco negro en el que amparado por la oscuridad puedes ser tu mismo, sin etiquetas ni corsés. Comienza muy bien, insisto. Ves claramente a ese grupo de chavales arriba, antes de que la habitación oscura se convierta en habitación oscura, cuando sólo es trastero, asistes a su transformación, ves como la tapian y aíslan, como eliminan la luz, por qué. Es tan creíble… Algo que podía haber pasado en los miles de pisos compartidos entre amigos de todo el mundo. La habitación oscura, no podía ser de otro modo, se convierte en un lugar de experimentación sexual. Está claro. No hay luz, ni tampoco timidez, sólo tinieblas. Tinieblas en el albor de la madurez, una edad en la que tienes sed, hambre de probar y experimentar, de sentir, de morder y tocar, de besar, oler y chupar hasta saber a qué coño sabe la vida, en un sitio a resguardo, donde puedes hacerlo y ser libre, sin clichés ni reglas, libre.

Esa primera parte me parece fantástica. Reforzada, además, por narraciones en time-lapse que, primero, sorprenden y, después, fascinan. El time-lapse son esas imágenes en las que en un minuto ves levantarse un edificio desde los cimientos a sus primeros inquilinos mientras el cielo y las estrellas se funden detrás como si el tiempo se hubiera acelerado y sólo mantiene un ritmo normal ese edificio que ves alzarse de la nada. Pues así, en time-lapse, asistes a la fundición de tu propia vida con la de los personajes, resumida en papeles que se acumulan, en pasos atrás, en muertes, nacimientos y la cuenta fría de sonrisas y llantos. Todo a un ritmo precipitado y vertiginoso (yo de hecho hubo un momento en el que tuve que parar, alejar la vista, porque me sentía hasta un poco mareada de lo perfecto que lo hace Rosa).

“Nada de aquello podía alcanzarnos porque nos creíamos inmortales”. Esa es una frase que repiten, como un conjuro, una y otra vez los personajes de La habitación oscura. Y es verdad. Si eres joven, esa es una de tus consignas. Puedes hacer lo que quieras, alcanzar lo que gustes, no hay trabas ni miedos, eres inmortal. Luego la realidad, a base de bofetadas y zancadillas, te baja a la tierra. Y cuando tienes los dos pies en el suelo y empiezan a darte miedo las alturas, la velocidad y los callejones oscuros más allá de medianoche te has hecho mayor porque sabes que la inmortalidad no existe y que tú, por supuesto, jamás serías inmortal en el caso de que lo hiciera.

Pero luego, a medida que pasan las hojas, creo que la propuesta de la novela se debilita. Es un retrato preciso y durísimo de la crisis, de la consecuencia de la crisis en las personas. Y personas jóvenes, además, como tú, como yo, como tu vecino o mi primo, afectados por el tremendo maremoto que ha desencajado los cimientos de esta sociedad, que creíamos maciza y robusta. Y eso es fantástico, duro y genial, pero sientes que si sólo tienes eso te falta algo, que debe abarcar más, no quedarse sólo ahí. Hacia la mitad del libro yo sentí que necesitaba que pasara algo más. Que la habitación oscura dejara de estar en el centro de todo, que la trama fuera más allá, que la habitación oscura se apartara a un lado.

Me gusta como refugio, pero no me la creo tanto como cuando esas tinieblas envolvían sólo la experimentación sexual. Todo lo que ocurre ahí abajo me lo creo, pero me chirría que sólo ocurra eso, que esos personajes no tengan más paraguas, que no los veamos más allá. Sólo a pequeñas pinceladas, pequeños matices que no terminan por definir. No sé. Es como si esa habitación oscura no fuera más que otro reverso de la crisis que se diluye en la propia crisis hasta desaparecer como un azucarillo en una garrafa de cinco litros de agua, o sea, hasta volatilizarse, convertirse en nada, sin más poso que un ligero, ligerísimo, sabor dulce en el paladar que no se sabe muy bien de donde viene.

Es por eso que esperaba más de La habitación oscura después de un comienzo tan fantástico, de una propuesta y una narración tan diferentes, porque después de ir, entrar y probarla, después de un prometedor comienzo, al final, me ha dejado un poco fría… Eso sí, Miguel Ángel Hernández tiene razón. Me encanta como escribe Isaac Rosa. Un autor al que no debemos perderle la pista…

10 pensamientos en “La habitación oscura

    • Pues… La verdad es que no sé qué decirte. Sí, hazlo, y luego comentamos a ver si a ti te produce las mismas sensaciones que a mí. Es un libro raro, con una narración en segunda persona que te mete de lleno, pero no sé a mí al final me faltó algo. Sí, léelo, por Dios, y lo comentamos!!! Un besote y, una vez más, gracias por estar ahí Miss Malemort!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

  1. Te haré caso, tiene un nosequé que me ha llamado la atención. En cuanto lo lea, me paso y compartimos impresiones. Estaba pensando, quizá esté fuera de lugar, pero bueno, tal vez en mi blog hayas leído que no hace mucho que publiqué mi primer libro y me gustaría que lo leyeras. Sin compromiso, a ver qué te parece. Un regalo porque sí, porque me encanta como comentas lo que lees, la profundidad a la que llegas y me gustaría conocer tu opinión. Si te apetece, solo tienes que decirme donde enviarte el ebook. Nos leemos.

    • Sí, por Dios, claro que sí! Muero de ganas de leerlo! Dónde puedo comprarlo? (es que yo en cuanto a los libros estoy chapada a la antigua, o sea, que necesito sentir el papel en las manos, así que me resisto al ebook!!) No sabes la ilusión que me hace, de verdad!!!

  2. Me temo que solo se publica en digital, en la editorial Literanda. La parte mala es la nula promoción, la parte buena, que puedes llegar a la gente a un precio más que razonable… El papel está vedado para los novatos sin padrinos…

    • Pues me parece muy mal, porque se publican verdaderos truños de escritores que dieron un bombazo y nada más cuando historias fantásticas están guardadas en un cajón. Me da igual tenerlo que leerlo en una pantalla de ordenador o el iPhone. Pásamelo a lakriticona@gmail.com . Tengo unas ganas enormes de leerlo (y perdona por tardar tanto en contestar, estoy hasta arriba de trabajo, no he tenido tiempo ni de leer ni de escribir ni siquiera de meterme en el blog). Mándame tu libro por fa. Quiero leerlo. Y hacerlo ya, además. Abrazo fuerte

  3. Bueno, ya estoy por aquí después de haber disfrutado y sufrido La Habitación Oscura.

    Después de un primer tercio prometedor, bien narrado, ágil y directo, que te hace esperar grandes cosas, llegué al primer punto decepcionante: la repetición. La fórmula que tan bien funciona en las primeras páginas, al poco es machacona, repetitiva, cansina. Monótona. Los personajes, desdibujados, sin que seas capaz de empatizar con nada ni con nadie. Está todo narrado con tanta frialdad, a pesar de la narración en segunda persona, que no puedes ponerte en el lugar ni en la piel de nadie. Y, a partir de ahí, todo se va a hacer puñetas, si es que era posible ir a peor.

    El caso es que está bien escrito, pero harta. Es un contínuo crescendo que no lleva a ninguna parte, con unos actores a los que solo deseas dar un sopapo para que espabilen. El último tercio es lo peor de la trama, algo que leí con una ceja en alto, pensando para mi misma: Ah, que hasta aquí nos ha traído todo esto. A esta poca profundidad, a este rascar sin hacer daño. Sin emocionar, sin llegar al fondo o al corazón.

    Eso sí, el estilo, impecable, de la primera a la última palabra.

    • Miss, yo no fui capaz de expresarlo con tanta precisión, pero fue exactamente eso lo que me provocó su lectura. Me encanta cómo escribes, me encanta, me encanta, me encanta!

  4. Pingback: A bordo del naufragio | la Kriticona

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