Misión olvido

Misión olvido by laKriticona
“El tiempo había separado nuestros caminos y quizá el músculo de la cercanía había perdido vigor. Pero quedaba la huella, los posos de una vieja complicidad”

Misión olvido… Parafraseando el título, es una novela para, mejor, olvidar. Y al instante. No miento si digo que quizá sea una de las peores que he leído en la vida. Y lo siento por María Dueñas, su autora, porque me cae genial y me parece que le pone el alma a las cosas, y es simpática, y escribe bien, y me alegra muchísimo su éxito, pero muchísimo de corazón, pero lo que no puedo negar es que Misión olvido es una novela sosa, aburrida, sin argumento ni demasiado sentido. Imaginaba que después del terremoto editorial que fue (y aún es) El tiempo entre costuras, la segunda novela de María Dueñas no serían tan buena, pero… ¿esto?

Creo que intentó copiarse a sí misma y le ha salido mal.

Sira y su historia tejida entre hilos y patrones sólo hay una. Y esa María ya la contó. En Misión olvido ha aplicado la misma fórmula. Mujer sola y herida de amor que huye poniendo un mar de por medio para terminar implicada en un asunto que resuelve un enigma de años e importancia mundial… Eso le funcionó fantástico en El tiempo entre costuras, un libro que te puede gustar más o menos pero que tiene peso y alma, que entretiene y te deja buen sabor de boca. Misión olvido, sin embargo, es su némesis. Tedioso, enrevesado y sin chicha, el sabor que deja es como el de treinta cigarrillos seguidos.

Exactamente eso.

O sea, infumable.

A mí particularmente El tiempo entre costuras no me entusiasmo. Pero no lo hizo porque yo no soy el público objetivo de ese tipo de literatura. No he leído Grey (y de momento no creo que lo haga). Me horrorizó la trilogía de la Pancol (sólo me enganchó la primera parte de Los ojos amarillos de los cocodrilos). Me atraganté con Dime quién soy y La sábana santa. Mi libro favorito es La insoportable levedad del ser, me llevaría a una isla desierta antes las cien páginas de Pedro Páramo que las setecientas de Amanecer y, por supuesto, dame a Onetti y a Cortazar y quédate con Moccia. Enterito.

Está claro. No soy el perfil de lectora de best-sellers, aunque de vez en cuando me gusta leer por leer, entretenerme, emocionarme con una de estas historias que, aunque fáciles, a veces te llegan y remueven. El tiempo entre costuras, insisto, no me gustó especialmente. Sí, me lo leí en un par de días y me atrapó la historia, pero más la parte meramente literaria del comienzo que todo lo demás, pero, vamos, no permaneció en mi cabeza más tiempo que el que tardé en coger otro libro del estante… Si Misión olvido está ese tiempo me parecerá demasiado.

Es una historia sin pies ni cabeza.

Mientras leía recordaba esa tremenda sensación de hastío que sentí con dos de los peores libros que he leído este año y en mi vida: La estación perdida de Use Lahoz y Las ardillas de central park están tristes los lunes de la Pancol. Esos tochos de seiscientas páginas llenos de frases poéticas lanzadas al aire y descripciones exhaustivas de cosas banales que ni interesan ni mucho menos aportan al lector o a la trama. Frases que parecen gritar: “Qué bien escribo”. Y, en realidad, sí, podrán estar muy bien construidas y sonar bien, pero les falta swing, calado, eso que llamamos alma y que no sabemos muy bien qué es pero que sentimos ante un buen libro.

No es el caso.

A mí particularmente la historia no me interesó hasta la página 394… ¡394! Y yo porque soy testaruda y no me gusta dejar un libro a medias, pero ningún escritor puede darse el lujo de no contar nada hasta la página 400…

Y es que creo que a Misión olvido le sobran páginas, muchas páginas, y le falta todo lo demás. Su lectura se me ha hecho especialmente dura porque llega después de Días sin hambre, una novela intensa, de esas que te queman la piel, un libro imperfecto, por supuesto, es la primera novela de Delphine de Vigan, pero ahí tienes toda su esencia. Y te duele y arrasa, te perturba. Y, claro, después de eso pasas y pasas páginas de Misión olvido y no entiendes nada. Llevas veinte y dices: “Bueno, es normal, está armando la trama”. Ochenta: “Bueno…”. Pero con ciento cincuenta te empiezas ya a mosquear. Y con doscientas (doscientas páginas llenas de nada) ya sabes que estás ante un libro completamente prescindible. En El tiempo entre costuras sientes crepitar a sus personajes. Aquí no. Aquí sólo es una sucesión de frases bonitas (y vacuas), una sobresaturación de adjetivos y almíbar, de intentar decir las cosas no de la manera más rápida y directa (a veces, es la única manera de decir algo) sino de la manera más bonita una y otra vez, de rizar el rizo, como esos peinados llenos de lazos que resultan recargados, cursis y empalagosos.

Esa es mi sensación cuando llevo trescientas páginas. Todo me suena impostado y azucarado, repetitivo.

Todo me suena a ya leído.

Me suena y me suena a algo. Quizá sólo sea eso, que todo lo que cuenta me suena, ya lo he leído en otras novelas y tramas, ya lo he vivido. No hay emoción ni suspense. Todo está sobrescrito. Son tópicos sobre tópicos. Una y otra vez. Y cansa. Mucho. Y, además, supone una terrible pérdida de tiempo…

Eso sí, no me preguntéis qué pasa en la novela, cuál es la trama de Misión olvido, porque, por suerte, ya he comenzado a olvidarla.

9 pensamientos en “Misión olvido

    • Terrible, Eduardo, una novela que jamás debió salir del disco duro de un ordenador. Con la de buenas historias que hay guardadas en cajones esperando una oportunidad que quizá jamás llegue… Qué pena… Gracias!

  1. Bravo. No puedo estar más de acuerdo… y eso que tengo que confesar que no lo he leído. No pude con él. Abandonado se quedó, como El Tiempo entre Costuras, yo que no soy de abandonar libros. Pero se me atragantaron. Con los best sellers que mencionas, confieso haber pecado con el primero de las Sombras de Grey, y en mala hora. Si alguien me cae mal, muy mal, se lo recomendaré. Tampoco puedo con esos escritores melifluos, relamidos, profundísimos (por no poder, se me atraganta hasta Murakami)
    En cuanto coincidimos.
    ¿Lo mejor? Olvidar, olvidar, y volver a olvidar. Resucitar algún viejo amigo, quizá García Márquez, quizá Pahlaniuk (todo depende del ánimo del momento) que te ayude a hacer el proceso más llevadero. Y apuntar a esos autores en la lista negra.
    Saludos.

    • Miss Malemort, me ha encantado tu comentario. Estuve a punto de abandonar, muy a punto, pero hace dos noches dije: “O la termino o la dejo” y comencé a hacer lectural vertical. Esa en la que solo lees la parte del centro. Así pasaron como 150 páginas con toda la historia en España del Daniel Carter este que no hace falta que te leas porque no influye para nada en la trama. Alguien debería decirle a María que esta novela no, que no y que no. El tiempo entre costuras te lo lees. Es un libro de estos de vacaciones, para no pensar, pero al menos sí sientes que tiene alma, el personaje de Sira al menos lo tiene, pero a mí no me entusiasmó. Me encanta eso de regalar un libro malísimo a alguien que te cae mal, mal… Me lo apunto. Fantástica idea! Jajajaja. Y estoy contigo, no puedo con esos escritores melifluos y profundísimos disfrazados, sólo de forma, que no se dan cuenta que lo que importa de verdad es lo que se cuenta, lo que transmites (aunque eso sí, Murakami me apasiona, ya lo sabes :)…). Estoy contigo en lo de resucitar algún viejo amigo. Márquez siempre es una buena elección (de hecho, llevo un tiempo pensando en releer La Hojarasca que tanto me gustó). Eso sí con Pahlaniuk no pude. Alguna recomendación? Creo que leí Asfixia y lo abandoné a medias. Por suerte, ni El tiempo entre costuras ni Misión olvido me los compré yo. Me los prestaron. Creo que aprendí con esa infamia llamada trilogía de la Pancol, después de haberme gastado cincuenta pavos en papel que sólo sirve para una cosa: reciclarlo! Mil gracias por estar siempre ahí, por tus comentarios y me gusta, por tus certeras apreciaciones, por tus letras y libros. Un besote!

  2. Yo me compre El tiempo entre costuras, qué dolor!! A mi Sira llegó hasta a caerme mal, me resultaba insufrible y muy poco creíble, así que dudo mucho que vuelva a caer en mis manos otro María Dueñas.
    García Márquez, qué maravilloso y que pena tenerlo todo tan trillado, La insoportable levedad del ser, lo he comenzado muuuuuuchas veces y siempre acabo abandonando, me lo propondré en serio, y ya te contare. Un abrazo!!!

    • Rosa! Estoy de acuerdo contigo. Pero a mí la que me cayó mal fue la rubia esa que la mete en toda la historia de espías… Madre, para darle un tortazo. En su tercer libro, yo creo que debería buscar una historia completamente diferente a estas dos, yo creo. Hoy he estado a punto de comprarme Todos los cuentos de García Márquez, he leído muchos, pero seguro que alguno no, será la manera de leer algo nuevo suyo (porque creo que la segunda parte de Vivir para contarla, uno de los libros que más me han gustado en la vida, nunca llegará 😦 ). Dale una oportunidad a La insoportable levedad del ser, sigue, aunque al principio no entiendas, aunque te aburra, sigue, cuando lo cierres, serás otra persona. Seguro. Abrazo enorme y gracias por estar ahí al otro lado!

  3. Hola Patri!!!! Estoy totalmente se acuerdo con tus comentarios… el tiempo entre costuras no me pareció nada del otro mundo…pero Misión Olvidó…..ufffff ha estado en mi mesilla cogiendo polvo hasta que he sido capaz de terminarlo….
    Un besito y me encanta tu blog

    • Raquel! Oye qué ilusión me ha hecho leerte, descubrir que estás ahí, al otro lado de la pantalla. Pero ilusión de las grandes, eh! Lograste terminarlo? Valiente. Yo porque realicé lectura vertical a toda la parte del Daniel Carter en España (de arrancar y tirar directamente, te la puedes saltar como hice yo, son 300 páginas llenas de nada). Es que lo ves todo venir, verdad? Pero todo. Terrible…!!!!!!! Has leído Harry Quebert? Merece la pena, ya verás, un libro de esos que te atrapan y se disfrutan!! Un beso enorme y a ver si nos vemos pronto que tengo ganas de ver a Luna, de veros a los cuatro! Muakaaaaaaaaaa

  4. Pingback: Los mejores libros del año | la Kriticona

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