Días sin hambre

Días sin hambre by laKriticona

“Sin saberlo, comía patatas fritas impregnadas de aceite y queso, con un setenta por ciento de grasa. Sin saberlo, era libre”

De nuevo Delphine de Vigan me golpea. Sus palabras me duelen, me laceran. Ella me duele.

De nuevo es capaz de crear un charco de emociones en mi pecho que se desborda mientras todo lo que me rodea desaparece.

Su estilo de frases cortas parecen gritar en mi cabeza. Cada letra me corta como un cuchillo recién afilado, me sangra, me introduce por completo en esta historia, prólogo o epílogo de Nada se opone a la noche, una de las mejores novelas de este 2013 y de mi vida, de la locura que asoló la cabeza Lucile, la enigmática chica de portada con la mirada cargada de rimel más triste del mundo. Ahora es otra chica la que me mira desde el fondo de un frigorífico vacío. Es Laure. Y en sus ojos leo más pena que tristeza. Pero no soy yo quien puede salvarla…

Puedo sentir su miedo.

Su frío.

El rugido de su estómago atrofiado y vacío.

Y también su caminar por el aire sobre esas patitas de alambre.

La fuerza que te concede saber que uno puede vencerse a sí mismo. Pero dejar de comer nunca es ganar sino morir. Dejarse ir lentamente mientras tu cuerpo se vacía como esa nevera blanca fabricada para enfriar y conservar, incapaz de dar calor o caricias (caricia, qué palabra, tan parecida a caloría, tan contraria).

Delphine de Vigan de nuevo me ha sorprendido y abrumado. Días sin hambre es una novela corta, que se lee en nada, pero deja poso, y es inmenso. Este es un libro que muchas mujeres deberían leer. Por desgracia, la anorexia es una enfermedad que te ataca desde las revistas y la tele, desde las perchas y en la calle (“quiero ser como ella, exactamente igual”), que está ahí, que se te mete en la cabeza, chicas que dejan de comer para ser perfectas y delgadas, siempre más perfectas y delgadas de lo que son ahora mismo, siempre más, más y más con una condición: comer menos, menos, menos.

Esas chicas deberían leer este libro. Porque la anorexia, señoras, es esto. El frío hospital, el control, las cuatro mil calorías diarias de la sonda. No los halagos, los piropos, la belleza. El miedo, el asco a uno mismo, el hambre adormecido, un esqueleto que no producide más que pena y rechazo. Y Delphine de Vigan la cuenta este lado del espejo. Desde un cuerpo que pesa 35 kilos y mide un metro setenta y cinco. Unos ojos capaces de leer el asco y repulsión que produce su cuerpo, ese del que tan orgullosa está, ese que exhibe como un trofeo. “Soy capaz de dejar de comer para ser delgada”. “Mi cuerpo es mi prueba”. Porque Laure, la protagonista, se siente que gana cuando no come, cuando está en ayunas, y Delphine de Vigan lo retrata de una manera tan precisa y real que piensas que es así porque Laure es una máscara y la anorexia fue su enfermedad.

Las mujeres (y hombres, porque la anorexia se ceba con ellas, pero también con ellos) y los kilos de más. Las mujeres que se sienten fuertes porque no comen, porque vomitan, capaces de hacer desaparecer las calorías con un chasquido de los dedos. No comer para mirarnos de frente, sin miedo, en ese espejo que son los ojos de los demás. Otras miradas, la seguridad. Es más fácil dejar de comer que ponerte las zapatillas y echar a correr. Requiere menos esfuerzo. La penitencia es el hambre. Pero se combate. Llega un momento en el que ya ni se nota. Empiezas poco a poco. Haciendo una bola con la comida en la boca y echándola en la servilleta. Masticar y masticar pero no tragar. Repartir la comida en el plato. Eliminar el desayuno y después la cena. No comer carne roja, ni pan, ni chocolate, ni patatas fritas, ni chorizo, hasta que un día ya no comes nada más que una manzana. Una manzana, la comida de tres días. Llega un momento que todos los alimentos son prohibidos. Pero, oye, y lo guapa que te ves en todos los escaparates, en todos los reflejos, en los ojos de los demás, entretejido en los piropos por la calle, las miradas de fuego. Qué más da el grito hambriento de las tripas, los mareos y el frío en el tuétano, la báscula dice que menos de cincuenta (y después menos de cuarenta y después…) y ese es el mejor de los alimentos, ese que te da fortaleza mientras caminas kilómetros y kilómetros por la ciudad para quemar esas calorías (caricias) que no tenemos.

¡Qué estúpido!

La tiranía del hueso de la cadera y la talla 34.

La obsesión de la báscula.

La aniquilación de la curva.

La guerra infinita a las redondeces, a las mejillas llenas, la talla 110.

El comodín del vómito.

Si te pasas, no hay problema, lo echas todo fuera. Casi, casi como si te masturbararas, pero en la boca. Dejar de comer es más díficil. Un poco más. Las bulímicas lo intentan, pero cuesta. Requiere más sacrificio. Pasar hambre. De la otra manera puedes hasta comer alimentos prohibidos. La culpa te corroe por la noches. Las noches insomnes. Los días contando calorías. Salir a cenar pero no cenar. Quedar para comer y no comer. El abrazo al hielo. Caminar por el aire sobre esas patitas de alambre. Exhibir tus huesos descarnada y triunfal…

Hasta que un libro como Días sin hambre descubre (fiel, sin la moralina barata que muchos de los libros que tratan estos temas suele desprender) que al final de ese camino sólo espera la muerte con una sonrisa, que volver a comer es más duro que dejar de hacerlo, que das asco, as-co, mientras te sientes bella, que el miedo a veces es más fuerte que tú, tú mientras luchas contra ti misma en una guerra absurda en la que ya hay un perdedor: también tú.

Duro, epidérmico y real. Delphine de Vigan, dos de dos. Días sin hambre es una novela más corta, no tan madura y hecha como Nada se opone a la noche, pero tus frases cortas y directas muerden igual. Delphine de Vigan me dueles, me matas, pero ya no puedo apartar la vista ni mucho menos dejar de leerte.

2 pensamientos en “Días sin hambre

  1. Pingback: Misión olvido | la Kriticona

  2. Pingback: Las mejores fotos del año | la Kriticona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s