El malentendido

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“En la playa, el pasado verano, Francette solía jugar a sumergir las manos en el mar para coger un poco de espuma; al cerrarlas, gritando de felicidad, echaba a correr hacia ella con toda la fuerza de sus piernecitas. Pero cuando volvía a abrirlas, sólo encontraba un rastro de agua… Entonces se echaba a llorar, pobre mujercita, y volvía a empezar. Pues eso era el amor”.

El Malentendido es la última novela de Irene Némirovsky que se ha publicado en España. No es su mejor novela, pero de nuevo es una obra magistral que traza con una precisión brutal la psicología de los personajes. Nadie define como ella, nadie dibuja a los personajes tan de carne y hueso. Y no tiene piedad. Consigue plasmar con precisión todos los recovecos del alma humana, con sus miserias y miedos tan palpables como las virtudes. Némirovsky consigue meter al lector dentro de sus cabezas, como si, en efecto, fueran carne y hueso y, eso que leemos, pensamientos al aire. 

Todas las novelas de Irene Némirovsky respiran tragedia. La catástrofe de unos personajes atados a un destino cruel, la  mezquindad y la hipocresía que se marcan como las huellas en la nieve recién caída. Adoro a Némirovsky. Hace años me regalaron Suite Francesa y, desde entonces, compro al instante cada libro que sacan de ella. Y, de momento, no hay ninguno que me haya decepcionado. Ni uno. Fue una de las escritoras más afamadas de la Francia de mediados del siglo pasado. Pero tuvo una vida marcada por la fatalidad. Primero fue una infancia solitaria impuesta por una madre que rehuía de su hija (¿quizá sea esa madre que la autora dibujó en El Baile?) por no ver en ella el irremediable, e imparable, paso del tiempo. Después, la II Guerra Mundial, el nazismo. Irene y su marido murieron en Auswichtz y Suite Francesa, esa novela que la autora pretendía que fuera la gran obra del siglo XX, con el do-re-mi-fa latiendo debajo de las letras, se quedó sin final, en el fondo de una maleta que sus dos hijas supervivientes pasearon por toda Europa antes de que el mundo volviera a descubrir a esa gran escritora que fue Némirovsky y le devolviera a los altares de la literatura del siglo pasado. Una literatura que, por cierto, en ningún momento sabe añeja, antigua o pasada. Al contrario, cuando uno lee a Némirovsky tiene la sensación de que lo que cuenta está pasando ahora mismo en la calle. Sus novelas son de personajes. Y las pasiones que mueven al ser humano siempre son las mismas. En la época de Aristóteles y en la del iPhone. Idénticas.

Ella tiene una capacidad especial para vestir a sus personajes, insisto. Cómo es capaz de meterse dentro y radiografiar con tanta precisión el alma. Lo bueno y lo malo, sobre todo, lo malo. Lo que se esconde a los ojos ajenos. Los miedos. Las envidias. Lo mezquino de nuestros actos. En El Malentendido, relata la relación adúltera entre Yves y Denise. Ella, él y el choque de dos mundos radicalmente opuestos. Él, un antiguo rico venido a menos, con la pesadilla de la I Guerra Mundial aún en la piel. Ella, adinerada, sin más que hacer que ver pasar el tiempo o acudir a fiestas mientras su marido, antiguo compañero de él en el hospital militar, se dedica a sus negocios. Les une un agosto en el mar de Hendaya y una pasión voraz que, sobre la arena, devora a él. Cómo sufre las ausencias de ella, no saber, cómo le come la ansiedad por verla y cortejarla. Ella, dulce, inocente, inexperta, al principio, es esquiva. Pero cae entre las olas. En Hendaya viven lo mejor de un amor que, en París, choca brutalmente con la realidad y sus diferencias, esfumándose entre el frío y el trabajo, como las largas tardes de verano que en otoño parecen un sueño de otro.

El tierno Yves se vuelve huraño, callado y distante, inasible para una Denise que no entiende, y como no entiende, se vuelve loca, y pide más, y más, y más. Ella, todo lo da, exige unas atenciones que se dan de bruces con el amor de él, más frío, más distante, a años luz de la sensibilidad y calidez que mostró en Hendaya. Me encanta cómo Némirovsky retrata la transformación de su amor, sobre todo en Yves, hastiado, cansado, aturdido. Una transformación absoluta. Me encantó la escena en la que ella espera una llamada suya haciendo nada, contando los minutos para las siete, nada la entretiene, nada la interesa, mira el polvo y las cosas por hacer con desidia y sólo espera y cabila, cabila y espera. Es tan, tan de verdad que aún hoy, casi un siglo después de que El Malentendido se escribiera, podría definir una de esas veces en la que yo misma esperé, sin hacer nada, una llamada, un mensaje, en una tarde larga llena de nada.

El Malentendido al final resulta una inquietante negativo de la obsesión, del desengaño amoroso. El lector lo vive desde el ardor del inicio hasta el gélido final. E Irene Némirovsky lo pinta tan crudo y real que tienes la sensación de estar viéndote frente a espejo. Todos hemos vivido algo así. En un extremo y otro. Interesante. Y ¿sabéis qué es lo que más me asombra de la novela? Es la última que se ha publicado en España, pero fue la primera obra que Némirovsky escribió (publicada por fascículos por la revista Les Oeuvres Libres en 1926) y ya apuntaba esa escritura magistral que la convirtió no sólo en una de las mejores del siglo XX, sino en una de las mejores de la historia.

Una vez más, Ángel y MariLuz acertaron con Irene.

10 pensamientos en “El malentendido

  1. Muy agradable e interesante tu comentario. Por ahora solamente he leído Suite francesa, pero tengo varios más esperando de la misma autora, ¡hay tanto por leer!. De todos modos aunque nada más por la Suite estoy de acuerdo contigo, cuando dices que radiografía el alma humana, me recordaste lo que pienso de Sandor Marai, es otro que siempre acierta exponiendo a la luz sentimientos y giros psicológicos muy íntimos, que parecen desvelar verdades que nos afectan a todos. Saludos

  2. ‘El Malentendido’ es una gran novela, pero no la mejor de Irène Némirovsky, es verdad. Mari Luz y yo conocimos a Irène gracias a Patricia, que nos adentró en un mundo fascinante al regalarnos ‘Suite Francesa’, su obra más emblemática. Lo mejor de esta autora (qué vida trágica la suya, por cierto) es cómo analiza a sus personajes. Te los describe psicológicamente de forma magistral. Y escribe muy bien, desde luego. Ha sido uno de mis grandes descubrimientos literarios de los últimos años. Y me alegra que algunos de mis amigos libreros me confiesen que sus obras se venden muy bien. A los que no la conozcáis, os la recomiendo. Si os gusta la buena literatura, es imprescindible. Y si entráis en este blog es que os gusta…
    Ángel

  3. Misión Olvido no me parece una obra maestra, evidentemente, pero tampoco una mala novela. El personaje femenino está bien retratado, el argumento no creo que esté mal… Se deja leer. Me gustó mucho más El Tiempo entre Costuras. Una novela excelente para una debutante. Mari Luz y yo intercambiamos entonces correos con María Dueñas, una persona encantadora y de extraordinaria cultura.
    Confieso que puedo no ser objetivo respecto a El Tiempo entre Costuras, porque se desarrolla en la misma época en que vivió mi padre, hace muchos años fallecido, y que me interesa especialmente. Él sufrió tres guerras: la de Marruecos (comía una docena de huevos que se freían sobre el blindaje de un tanque), la Guerra Civil (un tiro en la mano, de la que perdió un dedo) y la Segunda Guerra Mundial (División Azul, cerca del Lago Volchov, temperaturas de 40 grados bajo cero, bombardeos soviéticos…).
    Pero vamos a otra cosa más literaria, pero también personal. Última escapada de Mari Luz y yo a Salamanca, la ciudad en la que nací y en la que espero morir, cuando me toque. Mala suerte: en la Plaza Mayor, que los salmantinos llamamos simplemente La Plaza (y que no es cuadrada, como mucha gente cree, sino trapezoidal), había una Feria del Libro. Tentación mortal y pecado mortal. Y pecamos mortalmente: 27 libros comprados, pero no por mucho dinero, porque algunos nos salieron por un euro.
    No se trata de publicar la lista completa, pero sí os cito algunos, con permiso de Patricia: Sol Rojo sobre Hiroshima, de Mario Escolar; Hernán Cortés: más allá de la leyenda, de Christian Duverger; CIA. Joyas de la familia, de mi admirado Eric Frattini, y Piratas y Mar Azul, del aún más admirado Arthur Conan Doyle, el libro que estoy disfrutando en estos momentos.
    Muy buena página web, Patri

  4. Oh!, Ángel, me alegra mucho tu comentario loando ese libro. Cada libro tiene una lectura y un momento. Yo estoy en una época de mi vida que rehuyo ese tipo de novelas y me resultó pesadísima. Lo cual no quita para que María Dueñas me parezca una tía fabulosa. Todas las entrevistas que he leído de ella se la ve una chica majísima, entregada a la literatura y pasional, ojalá su próxima novela me guste más, porque me encantaría escribirlo. Pero esta a mí no me gustí demasiado. Y el tiempo entre costuras tampoco me encantó. Mira, a mí me apasiona Rosa Montero de siempre y uno de mis libros favoritos es su Lágrimas en la lluvia. Pues a Yondas, nuestro compi, le está horrorizando. Otro ejemplo de que cada libro es diferente en cada persona, lo importante es cómo los amamos la gente como tú, como Mari Luz, como yo, como todos aquello que más que leer comemos libros. Gracias por leerme. Por seguirme. Por estar siempre ahí. Os quiero. Lo sabéis. Mucho 🙂

  5. Hace muchos años que leí el Frankenstein de Mary Shelley. Antes había visto la película clásica, en blanco y negro, que no tiene mucho que ver con el libro. Shelley no es una gran escritora. Quizá lo era en su tiempo, pero ahora su estilo se ha quedado viejo. Sin embargo, ha creado literariamente a un personaje inmortal. La película que retrata mejor la novela es la que produjo Francis Ford Coppola, aunque no la dirigió, y que a mí me parece fascinante y terrible.
    He estado sentado a orillas del lago Leman, en Suiza, más o menos cerca del sitio en que cuatro amigos decidieron hacer todo eso que cuentas tan bien. Entre ellos estaba lord Byron, grandísimo poeta.
    Frankenstein es una buena novela, pero más por la creación del personaje que por su calidad literaria, me parece.

    • Estoy de acuerdo contigo en que su estilo se ha quedado viejo, suena así, de hecho. Tengo muchas ganas de ver esa película. El personaje es eterno y, en parte, Mary Shelley también. Un besote! 🙂

  6. Vuelvo a sir Arthur. ¿Sabes que tiene cierta relación con los Juegos Olímpicos? En el maratón de Londres 2008 llegó el primero al estadio un pastelero italiano, diminuto, llamado Dorando Pietri, o Pietri Dorando. Cosas de la historia antigua en la que a veces las cosas no son lo que parecen. Pues bien, este Dorando (dejémoslo ahí) entró el primero en el estadio, pero en estado de calamidad física. Se cayó varias veces. No sabía hacía donde corría. Algunos jueces se apiadaron de él y le llevaron en volandas a la meta. Fue descalificado, obviamente. Pero su agonia generó un gran sentimiento de simpatía en Gran Bretaña y unsir Artur Conan Doyle, que entonces era periodista, inició una campaña en un periódico para recolectar dinero para el pastelero italiano. Bueno, pues le hizo millonario.
    Besitos, Patri

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