Antigua Luz

portada-antigua-luz_grande

“Fuera como fuese, fue un día de abril como pintado a la acuarela, con ráfagas de viento y chaparrones repentinos y cielos inmensos y enjuagados. Sí, otro abril; en cierto modo, en esta historia siempre es abril”

Me gusta comprar libros en La Central. Quizá sean sus paredes repletas de novelas e historias por descubrir. O la sensación de amor a la literatura que rezuman sus rincones. O ese dependiente de ojos verdes que ha leído casi todo y recomienda con la precisión de un cirujano y el entusiasmo de un colegial. Da gusto preguntarle. Y, de momento, lleva dos de dos. Para mí, personalmente, es un placer poder dirigirte a un dependiente que no te responda con prisas, si no que, a partir de tus gustos literarios, te diga, este sí, este no, con una pasión por lo libros idéntica a la tuya. Un gran acierto, señores de La Central. Yo ya no compro los libros en otro sitio. Da gusto hablar con el chico de ojos verdes que brillan cuando habla de buenas novelas. Él me recomendó Antigua Luz. Le mostré cuatro o cinco libros. “¿Cuál me quedo?”. Y fue desgranando argumentos, pros y contras. Al final me convenció su “esta es una novela con una trama muy bien hilada, que te va a atrapando, no es la novela del siglo, no es tan buena como La transmigración de los cuerpos (la primera que leí gracias a él) pero se lee a gusto”.

Terminé Antigua Luz hace unos cinco días, y es curioso, aún no se ha ido del todo. Y eso que, como bien me dijo el dependiente de los ojos verdes, no es una historia de esas que te marquen, pero va metiéndose adentro poco a poco y termina arremolinándose en tus rutinas. No sé, es como si tuviera a Alexandre Clave aún dentro de mí, susurrándome su amor por la señora Gray, qué señora, la madre de Billy, su mejor amigo. Un amor, o mejor dicho obsesión en uno de sus márgenes y, quizá, vía de escape en el otro. Un amor escandaloso y pecaminoso, con veinte años de diferencia. Sexo entre una mujer madura, casi en la cuarentena, y un chiquillo egoísta y egocéntrico, un chiquillo, a secas, que aún no ha cumplido los quince. La novela se divide en dos partes: a un lado el Alexandre Clave adulto, casi viejo más bien, que interpreta un último papel que le enfrenta su particular infierno, el suicidio de una hija con tendencia desde niña a la esquizofrenia; al otro, sus recuerdos de adolescencia, cuando descubrió el amor y el sexo en el asiento de atrás de la madre de su mejor amigo.

La parte del ahora apenas me interesó. La de la señora Gray, sin embargo, atrapa. Me gusta como lo cuenta, cómo escribe John Banville, da gusto leerle, detenerse en sus frases, paladearlo, aunque también he de decir que la parte del Alexandre Clave mayor llegó un momento en el que me aburrió, se me hizo demasiado lento. Sólo quería que pasaran las páginas y que volviera atrás, una y otra vez al pasado junto a la señora Gray. Tengo las imágenes tan vívidas en mi cabeza… Además, me gusta cómo lo relata, siempre con ese “fue así o asá, ¡ay memoria que va y viene y en el camino siempre lo cambia todo de sitio!”. Me encantó. El final, además, me sorprendió, con un giro que no esperaba y que me encogió el corazón. Buen libro. Otra buena recomendación del dependiente de los ojos verdes.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s